Vodafone Paredes de Coura 2026 (13 agosto): el día en que el escenario pequeño fue el más grande
Costaba decir quién era el cabeza de cartel de la segunda jornada del Vodafone Paredes de Coura 2026. Por horario y escenario, estaba claro que serían los Hermanos Gutiérrez y Underworld en el Palco Vodafone pero, ¿cuánta gente se habría comprado la entrada por ver justo ese día a una de las 2 bandas? ¿Cuántas personas podrían nombrar un tema de Underworld que no fuese «Born Slippy»?
Si ya la primera de las Vodafone Music Sessions, protagonizada por Tomode, había sido especial y divertida, la segunda fue, directamente, insuperable. En primer lugar, porque se trataba de una de las bandas más prometedoras del cartel, los norteamericanos Friko y, en segundo lugar, porque se llevó a cabo en el Núcleo de Marcos Miliários de Antas (Rubiães), un tesoro arqueológico que da cuenta de lo que en su día fue Vía Romana y que marca las distancias que llevaban a otras ciudades de aquellas rutas, como Bracara Augusta (Braga). Volviendo al concierto, en apenas media hora pudimos confirmar que Friko son una banda verdaderamente especial, y no solo por la voz de Niko Kapetan, sino porque desprenden magnetismo y magia cuando tocan, y escuchar temas como «Seven Degrees» en un formato tan íntimo es algo inolvidable.

De vuelta al recinto, llegamos con muchas ganas de ver a Tomode. Sobre el Palco Coura sem Paredes, confirmaron todo lo que sospechábamos de su directo. Con un claro regusto por la música disco de los 70 y claras influencias de Parcels o Jungle, su concierto fue una verdadera fiesta (y eso que apenas eran las 18h de la tarde). Sobre el escenario suenan de miedo y se divierten, y eso se transmite al público. Del flow de «Everything Is Right» al romanticismo disco de «Conversation Starter», pasando por la contagiosa «Fornever», Tomode demostraron que son una de esos grupos que todo festival debería estar rifándose. El suyo fue uno de los grandes conciertos del día y del festival.

No sé qué decir del concierto de Aldous Harding. Digamos que no parecía estar en su mejor momento, y no solo hablo de lo musical. Además de sus caras y sus gestos, llevados hasta lo más histriónico, protagonizó un incómodo momento echándole la bronca a uno de sus músicos ante todo el público porque decía que su guitarra no estaba afinada. Un feo gesto que incluso paró el concierto durante varios minutos que se nos hicieron eternos. Ver aquello resultaba muy incómodo, por mucho que nos gustasen sus canciones, y ella parecía en todo momento ausente, con la cabeza en otra parte. Ahora que se habla mucho de salud mental, los artistas tampoco deberían subirse a un escenario si no están en condiciones de hacerlo.

Llegaba uno de los grandes conciertos del día, Friko. Apenas unas horas después de su maravilloso acústico, se subieron al Palco Coura sem Paredes para dar un conciertazo que no dejó a nadie indiferente. Desde el comienzo con «Guess», Friko mostraron una energía y una química entre la propia banda que no hizo más que crecer durante todo el bolo. El grupo, que nació inicialmente como un dúo del vocalista Niko Kapetan con la batería Bailey Minzenberger, es ahora un cuarteto que con su segundo trabajo, «Something Worth Waiting For», ha deslumbrado a crítica y público. Ese sonido crudo del álbum se traduce al directo con una fuerza arrasadora en temas como el que da título al disco o «Still Around», pero no dejan de lado una sensibilidad a flor de piel en canciones como «Alice» o la enorme «Certainty», con Bailey cambiando la batería por una guitarra. Y, como colofón, una versión de la mítica «Ceremony» de New Order.
Intensidad, fuerza, valor, corazón. Un concierto de los que no se olviden y que es ya historia del festival. No cabe duda de que están destinados a convertirse en una de las grandes bandas de su generación (en realidad ya lo son). Sospecho que no tardaremos en verles de nuevo en el festival y, ahora sí, en el escenario principal.

Digno sucesor de nombres míticos como Neil Young o Tom Petty, Kurt Vile & The Violators eran para muchos uno de los grandes nombres del día. Musicalmente, nada que objetar. Fue un buen concierto que tuvo uno de sus momentos álgidos con la pegadiza «Pretty Pimpin» (su mayor éxito hasta la fecha), pero personalmente no acabo de conectar con su música. También me falta un punto de emoción en su directo, opinión que supongo que sus fans no compartirán conmigo.

Otro de los conciertos más esperados del día era el del enmascarado Pale Jay. Tiene un mérito alucinante lo que ha conseguido el artista. Con 4 álbumes publicados (ninguno de ellos llega a los 30 minutos de duración), sin una sola reseña en Pitchfork y conservando su anonimato, el músico ha logrado mantener una carrera coherente sin estar en muchos festivales y con muy buenas canciones. Acompañado apenas de un bajista y teclista (obviamente se traía percusiones pregrabadas, entre otros sonidos), Pale Jay logró un lleno absoluto para ver su concierto en el escenario pequeño. Sus canciones, con grandes influencias del soul y el jazz de los años 60 y 70, lo emparentan con artistas de esa nueva generación soul del siglo XXI como puede ser Don West, que estuvo el año pasado en el festival.
Canciones como «Shameful Game» o «Dos Uvas» dan buena cuenta de un músico que bebe de artistas tan inimitables como Marvin Gaye. Mención aparte merece el multitudinario final con «Magnolia Tree» y todo el público coreando el estribillo, uno de los momentos inolvidables de uno de los grandes bolos de esta edición.

Sabemos que si un día el Vodafone Paredes de Coura deja de asumir riesgos, estaría renunciando a una de las características que le distinguen de otros festivales. No todo el mundo entendió la apuesta por los Hermanos Gutiérrez como cabezas de cartel en el escenario grande. Música instrumental, apenas 2 guitarras. Pueden gustarte o no, pero su directo fue intachable. Con sus canciones lograron transportarnos a otro mundo, a un western crepuscular y nostálgico, pero con un toque de modernidad. No es para todo el mundo (ni lo pretende) pero fue una apuesta arriesgada que buena parte del público del festival supo agradecer.

Confieso que no me resultó sorprendente la confirmación de Underworld para el cartel de este año, sobre todo porque supongo que Tyler Hyde (Black Country, New Road) le hablaría a su padre, vocalista del dúo británico, mil maravillas sobre el festival después de tocar el año pasado. Underworld salieron a montar una rave desde el principio, con láseres hacia el público y haciéndonos bailar desde el primer momento. «Two Months Off» o «Moaner» sonaron en una rave non-stop como jamás habíamos vivido. Para el épico final, por supuesto, ese tema que les puso en la palestra. Comenzaba a sonar «Born Slippy (Nuxx)» y todo el mundo enloquecía, saltando y bailando. Otro de los momentos que deja para el recuerdo esta edición del festival.
El segundo día del Vodafone Paredes de Coura 2026 dejaba claro que no podíamos darlo todo por hecho. A veces los conciertos más grandes pueden vivirse en los escenarios más pequeños.
